Estados Unidos y Cuba aúnan esfuerzos para afrontar desafíos comunes

Cooperación para proteger los recursos marinos más preciados

Se estima que enormes reservas de “oro negro” yacen, aun sin explotar, al norte de la plataforma insular de Cuba. Según los expertos, éstas serían suficientes para eliminar la dependencia de Cuba de las importaciones de petróleo venezolano. Este año la gigante petrolera española Repsol planea comenzar las perforaciones exploratorias en aguas profundas a 50 millas al sur de Cayo Hueso. Otras compañías petroleras extranjeras de varios países (Rusia, Malasia, Brasil, India, Venezuela, entre otros) aguardan su turno.

Los riesgos de perforar en aguas profundas del Golfo de México son inmensos tanto para los Estados Unidos como para Cuba y México. Los especialistas advierten que un derrame grande en aguas cubanas podría ser aun más desastroso que la catástrofe de BP debido a la vulnerabilidad de los ecosistemas marinos que comparten los tres países.

Tal catástrofe podría incluso agravarse por la demora para adquirir el asesoramiento y la tecnología que se requieren para enfrentar un accidente de tal magnitud en las aguas profundas del Golfo. La política de los Estados Unidos hacia Cuba prohíbe a las compañías estadounidenses colaborar con empresas cubanas para proteger los recursos marinos que compartimos.

¿Podrán los riesgos ambientales superar el Golfo de discrepancias políticas?

“Por medio siglo un Golfo de discrepancias políticas ha dividido nuestros dos países”, expresa Doug Rader, oceanólogo principal de EDF. “Ya es hora de darle un enfoque pragmático a las cuestiones políticas, lo cual ayudaría a Cuba a prepararse para un derrame catastrófico mientras se construye una base sólida para proteger el futuro del Golfo que compartimos.”

Desde la pasada década, abogados cubanos especializados en medio ambiente trabajan en un nuevo proyecto de ley para establecer un estricto sistema de regulación y control ambiental aplicado a la industria petrolera costa afuera. Durante la crisis provocada por el derrame de petróleo de BP en el 2010, especialistas del programa Océanos de EDF proporcionaron reportes regulares y actualizados a funcionarios del Ministerio de Medioambiente para facilitar la evaluación de los posibles daños a los ecosistemas y las comunidades costeras de la isla.

Afortunadamente, el petróleo derramado en el desastre de BP no alcanzó las playas cubanas. Pero teniendo en cuenta las corrientes y los vientos predominantes, ninguno de los dos países sería tan dichoso la próxima vez. EDF exhorta a los Estados Unidos a iniciar un diálogo con los gobiernos de México y Cuba sobre el desarrollo de la industria petrolera en el Golfo.

La Comisión Nacional de los Estados Unidos que investigó el Derrame de Petróleo del BP Deepwater Horizon recomienda adoptar normas internacionales, y específicamente señala que “es vital para los Estados Unidos negociar ahora con nuestros vecinos cercanos para acordar un conjunto riguroso de normas comunes [y] un sistema regulatorio de control…”

Aprovechamiento de la energía limpia para reducir la importación de petróleo

Cuba también tiene planes para desarrollar fuentes más limpias de energía, como parte de una estrategia nacional para ganar independencia energética y reducir las fuentes de contaminación que contribuyen al calentamiento global. En el 2008, en respuesta a una solicitud de nuestros colegas cubanos, organizamos un simposio internacional sobre el uso de la energía oceánica para examinar vías que permitan el desarrollo de esta fuente, no explorada aun en gran medida, sin dañar el entorno.

Cuba presenta condiciones favorables para el desarrollo de varias fuentes de energía oceánica, incluyendo el viento y las corrientes, y podría ser un escenario ideal para la conversión de la energía térmica del océano (OTEC). Al igual que sucede con cualquier otra tecnología desarrollada a gran escala, la construcción y operación de instalaciones energéticas representa riesgos para la fauna marina y sus hábitats. Es necesario establecer medidas de protección para los ecosistemas más sensibles, como son los arrecifes coralinos, los manglares e importantes zonas de reproducción y de cría de peces, mamíferos marinos, aves marinas y tortugas marinas.

“Si se implementan las políticas y normas adecuadas, Cuba podría ser un modelo para el desarrollo de la energía limpia en el Caribe” plantea el Dr. Rod Fujita, investigador principal y director de Ocean Innovations en EDF.

Fomento para una mayor cooperación

La cooperación es vital tanto para los Estados Unidos como para Cuba. Las aguas cubanas proporcionan áreas fundamentales para el desove y la reproducción del pargo, el mero y otros peces arrecifales de gran importancia en los Estados Unidos. Cuba es además la principal escala para la mayoría de las aves cantoras conocidas a lo largo de la costa Este de los Estados Unidos, en sus rutas migratorias hacia y desde América del Sur.

Es muy probable que ambas naciones compartan un ecosistema coralino de aguas profundas recientemente descubierto en la costa suroccidental de los Estados Unidos que se extiende desde Carolina del Norte hacia el sur. “Aunque los Estados Unidos y Cuba comparten muchos recursos ecológicos, tenemos formas diferentes de administrarlos”, comenta Dan Whittle, abogado y director del programa Cuba de EDF. “La explotación de gas y petróleo costa afuera, el desarrollo del litoral y la pesca en Cuba pueden tener enormes impactos en los Estados Unidos y viceversa.”